¿Acabará desapareciendo el dinero en efectivo?

La aparición de nuevos medios de pago electrónico añadida a la gran popularización de las tarjetas han hecho que cada vez el dinero electrónico gane más peso frente al dinero en efectivo. Veamos una reflexión sobre ello.

Hasta hace unos pocos años la circulación de dinero en efectivo tenía menos límites y regulaciones que ahora, ya que tanto se podían hacer transacciones mediante dinero en efectivo como mediante otros tipos de medios de pago o servicios bancarios (tarjetas, transferencias, etc) y ello, independientemente de su importe. Ahora bien, en los últimos años también hemos podido ver cómo el control de la circulación y de ciertas transacciones efectuadas en efectivo es cada vez mayor, de manera que a partir de cierto importe y/o en ciertas transacciones o bien su control por parte de las autoridades fiscales es muy superior al de antes, o bien directamente éstas sólo pueden ser realizadas mediante sistemas de pago bancarios y no en efectivo.

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Algunos de los medios de pago actuales.

Lo anterior aplica a operaciones de cierto importe, a transacciones que podríamos considerar como de cierta relevancia. Ahora bien, ¿podría darse el caso también de que ya se empezara a notar una cierta disminución en el número de transacciones de pequeño importe y efectuadas con dinero en efectivo? Si ello fuera así, realmente podríamos estar viviendo una auténtica revolución en lo que a nuestra práctica diaria sobre el uso del dinero; me explico, por ejemplo, todos podríamos dar hoy por sentado que para efectuar el pago de un coche nuevo sea necesario, o bien, hacer una transferencia bancaria, o bien emitir un cheque o un cheque bancario; pagarlo en efectivo se nos haría extraño (o, directamente, imposible debido a la legislación). No obstante, a poca gente se le ocurriría hoy en día pagar el periódico mediante una tarjeta de crédito; pero, ¿y si ello fuera posible, básicamente porque al comercio vendedor del periódico le fuera indiferente aceptar un sistema de pago u otro? Veamos algunos indicios que me hacen pensar que quizá acabe siendo así:

  1. En los últimos tiempos hemos podido asistir a una progresiva disminución en las tasas de intercambio entre las entidades de crédito de las operaciones con tarjetas; puedo recordar como hace unos años las operaciones hechas con tarjeta podían costar al comercio que las aceptaba comisiones de intercambio del orden del cuatro por ciento, o superior, mientras que hoy en día se podrían encontrar comisiones en el mercado bastante inferiores al uno por ciento, y bajando.
  2. Por otro lado, cada vez más están apareciendo ,o se están popularizando, medios de pago alternativos como, por ejemplo, el nuevo servicio Bizum. Bizum es un servicio que funciona mediante smartphones y que es parecido a una red social en la que los usuarios se pueden intercambiar pequeñas cantidades de dinero de manera casi instantánea, independientemente de la entidad bancaria de origen o destino de los fondos. El funcionamiento de Bizum podría ser como sigue, imaginemos un grupo de compañeros de trabajo en una comida en un restaurante en la que cada uno deba pagar su parte, la cuenta la podría pagar uno de ellos mediante su tarjeta de crédito; después, el resto de comensales pagarían mediante Bizum su parte proporcional de la factura al comensal pagador. Movimiento en efectivo de esta transacción, cero.
  3. Otro factor a tener en cuenta es que la generaciones que actualmente tienen entre veinte y cuarenta años ya están más que acostumbrados a usar medios de pago electrónicos y servicios bancarios por Internet y esta generación, la próxima en “tomar el control” de la Economía no va a ser nada reacia a cualquier novedad que se produzca. Al contrario, puede pasar que llegue un día en el que pagar en efectivo pueda ser visto como algo pasado de moda o “retro“.
  4. Para terminar, ¿a alguien se le escapa que eliminando el dinero en efectivo se terminaría con el “dinero negro”? Por lógica, si cualquier transacción debe ser hecha mediante cualquiera de los medios electrónicos de pago, los que sea, parece claro pensar que el control de las mismas por parte de las autoridades fiscales será total. Por ello, el interés de los Estados en ir eliminando progresivamente las operaciones en efectivo se antoja evidente, ¿no?

Teniendo en cuenta los puntos anteriores, parece claro que en un futuro más o menos próximo iremos asistiendo a cambios en las habitudes de consumo y del uso del dinero en efectivo que llevarán a una disminución de las transacciones que impliquen movimiento de dinero en efectivo. Ahora bien, de aquí a ver una desaparición total del efectivo va todo un abismo; el futuro siempre es incierto pero, ciertamente, la Sociedad evoluciona a un ritmo exponencial y a pasos agigantados. Lo que hoy en día parece una quimera o economía-ficción, quizá sea una realidad antes de lo que pensemos. Tiempo al tiempo.

 

Jordi Mulé.

Economista C.E.C. núm. 13147.