¿Probable o posible?

En el lenguaje coloquial tendemos demasiadas veces a usar términos como si de sinónimos se trataran cuando, en realidad, significan cosas muy diferentes. Los adjetivos probable y posible son un ejemplo de ello.

El lenguaje es algo vivo, nunca es estático, con el paso del tiempo y las necesidades cambiantes de la sociedad, las lenguas evolucionan, incorporando términos del ámbito científico, variando el significado de términos ya existentes, creando términos nuevos, o bien, incorporando términos provenientes de otros idiomas como, por ejemplo, del inglés, tan de moda en estos tiempos.

Teniendo en cuenta lo anterior, seguro que muchas veces oímos el comentario de que a alguien conocido le han concedido un “crédito” en el banco cuando en realidad la operación que ha contratado es un préstamo, y un préstamo es algo realmente muy diferente de un crédito, aunque los dos términos hayan devenido coloquialmente en casi sinónimos; seguro que se podrían citar multitud de otros ejemplos similares, vayamos con otro ejemplo, el de los adjetivos probable y posible. ¿Qué significa realmente que algo es posible y qué lo diferencia de que ese algo sea probable?

En esta vida hay multitud de sucesos posibles, por ejemplo, ¿es posible que alguien paseando por la calle resbale?, evidentemente, es posible. ¿Es posible, a su vez, que ese alguien que ha resbalado, a su vez, le suceda un accidente aún peor?, pues claro, es posible. Un suceso es posible siempre que realmente sea factible de suceder, sin tener en cuenta si estadísticamente se va a dar con mayor o menor frecuencia; cambiemos de ejemplo, si jugamos a la Primitiva, ¿es posible que nos toque el primer premio?, la respuesta es que SÍ, sin duda, pues el suceso “acertar los seis números de la Primitiva” existe realmente, aunque sea éste un sólo suceso posible de entre las catorce millones de combinaciones de seis números posibles que tiene un boleto de la Primitiva. Así pues, los casos posibles son todo el conjunto de sucesos que pueden darse ante una circunstancia determinada, catorce millones de casos posibles de combinaciones de la Primitiva, seis casos posibles de resultados de tirar un dado, etc.

Otra cosa muy diferente es el término “probable“. Este término deriva de “probabilidad“, que hace referencia a la frecuencia en que se dará, estadísticamente hablando, el caso que nosotros deseamos que se produzca de entre todos los casos posibles que hay; siendo la probabilidad de que un suceso se produzca el cociente entre los casos favorables entre el total de los casos posibles. En el ejemplo anterior, el de la primitiva, si queremos acertar los seis números a la primera, y ya que existen catorce millones de combinaciones posibles, mientras que nuestro “seis” será sólo uno de ellos, la probabilidad de acertar los seis a la primera será de uno entre catorce millones, o sea, 1/14.000.000. Queda claro que acertar la primitiva es posible, pero estaremos de acuerdo que ello es realmente poco probable.

probabilidad y posibilidad

Y es que en la vida estamos acostumbrados a hablar de sucesos que realmente son posibles pero poco probables como si de un hecho inevitable se tratara; se dan por supuestas demasiadas cosas que realmente son bastante más raras de que se produzcan de lo que realmente pensamos. Las empresas gastan millones en planes de contingencia o planes estratégicos ante tal o cual eventualidad posible pero poco probable, las naciones gastan millones de euros, o de cualquier otra moneda, en gastos defensivos ante eventualidades bélicas poco probables y la prensa va llena de mensajes de alerta a la población respecto posibles problemas políticos, económicos o de cualquier otra índole que, siendo realmente posibles, son poco probables.

Queda claro que muchas veces debemos estar preparados ante eventualidades poco probables, por ejemplo, una central nuclear debe estar preparada ante la eventualidad de un terremoto o una empresa debe tener una normativa clara laboral ante cualquier eventualidad. Quizá el objetivo de este post sea reflexionar, más a nivel particular, sobre si realmente muchas de nuestras preocupaciones personales valen realmente o no la pena, o sobre si aquellos hechos posibles futuros que nos llenan de temor realmente merecen tanta atención. El psicólogo del siglo veinte Fritz Perls, autor de la llamada terapia Gestalt, ya lo enunció del siguiente modo:

Fritz_Perls

Fritz Perls (1893-1970), cortesía de Wikipedia.

El 40% de nuestras preocupaciones vienen dadas por cosas que no han sucedido y probablemente nunca sucederán y el 30% de nuestras preocupaciones vienen de cosas que han sucedido pero ya no se pueden cambiar.

El autor llegó a identificar que, de hecho, casi el 85% de nuestras preocupaciones diarias son respecto a hechos que nunca sucederán, o bien de los cuales no podemos hacer nada, ya sea porque ya se han producido o porque los mismos sean inevitables. Es como si la posibilidad de que cierto suceso realmente nos pase, independientemente de que realmente éste sea probable o no, nos llegue a influir o acongojar de manera realmente irracional. Lo racional bien podría ser que realmente nos dejáramos influir por una probabilidad real, que un caso realmente probable nos llevara a cambiar nuestra actitud, por ejemplo, ante una probabilidad superior al 50%, pero lo cierto es que un suceso que vemos como posible, aunque sea poco probable, nos suceda puede llegar a influirnos en demasía.

Y ello también se puede aplicar a la actual situación política o económica que vivimos. Por ejemplo, a todos nos acongoja que petróleo pueda agotarse, o bien, que pueda disminuir su producción y que los precios de los carburantes se disparen; evidentemente, ello es posible, pues las reservas de crudo no son infinitas y algún día se acabarán; ahora bien, ¿es ello realmente probable? Probablemente, no tanto, porque no tenemos en cuenta que la tecnología para no depender tanto del petróleo ya está inventada y que su lanzamiento sólo depende principalmente de dos cosas, de su abaratamiento y de su posibilidad de comercialización en masa, es decir, de que su comercialización sea rentable, cosa que podría suceder de manera pareja a una disminución de las reservas de petróleo, por decir algo.

Quizá una buena manera fuera ser lo más conscientes posibles de todos los casos posibles ante una determinada situación para poder evaluar de la mejor manera la probabilidad real del suceso que nos interesa o que queremos evitar, ver si éste es realmente probable o no y así poder proceder en consecuencia; si así pudiera hacerse sería probablemente lo más barato y racional, aunque quizá ello nos hiciera un poquito menos humanos.

Jordi Mulé

Economista C.E.C. núm 13147.

@jordimule