¡Bienvenido, míster Draghi!

hiperinflacion

A finales del año 1918 se acabó la Primera Guerra Mundial, fue la primera de las grandes guerras del siglo XX y una de las grandes causas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, veintiún años después. Para conseguir una paz duradera, las potencias ganadoras que formaban la llamada entonces “Entente Cordiale” impusieron un duro tratado de paz a las potencias que habían sido derrotadas. Este duro tratado de paz de 1919 fue el llamado Tratado de Versalles y consistió en varios puntos o imposiciones de los ganadores sobre los perdedores; en el caso de Alemania, como derrotada, se le impusieron grandes limitaciones de tipo armamentístico, como podía ser la prohibición de construir acorazados y carros de combate y una limitación en el número de efectivos de su ejército, la Reichwehr, de como máximo cien mil hombres.

Además, hubo varias zonas de ocupación por parte de las potencias ganadoras sobre territorio alemán, en concreto, las zonas industriales del Sarre y, en 1923, del Rühr; también se impuso en Alemania la pérdida de todas sus colonias de antes de la Gran Guerra y otras pérdidas territoriales en Europa. Fue, sin duda, un tratado de paz abusivo y causa del resentimiento que invadió a gran parte de la sociedad alemana y que la convirtió en un terreno abonado para la aparición en pocos años del totalitarismo que provocó años después el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Pero una de las condiciones más abusivas de este tratado de paz fue la imposición de las reparaciones de guerra, es decir, de multas pecuniarias de importe altísimo que Alemania debía de pagar como indemnización a las potencias ganadoras de la guerra. El importe de estas reparaciones de guerra fue tanto alto que la actual Alemania las habrá acabado de pagar hará un año o dos; es decir, cien años después del final de la Primera Guerra Mundial. En los primeros años veinte, la joven República Alemania de Weimar tenía que hacer frente al pago de estas reparaciones de guerra, calculadas en veinte mil millones de marcos-oro anuales. En aquella época todavía se usaba el dinero siguiendo el patrón del oro y, como las reservas de oro eran limitadas, cuando Gran Bretaña reclamó en 1921 el pago de su parte de la indemnización en marcos-oro, el gobierno alemán, para combatir la gran fuga de marcos basados en el oro que este pago provocó, empezó a emitir marcos sin cobertura, o Papiermark sin control. En pocas palabras, puso en marcha “la máquina de hacer dinero”.

Realmente se produjo lo que en Economía se denomina una política monetaria expansiva, pero de una manera tan sin control que hizo que el dinero en circulación perdiera rápidamente su valor, de tal manera que los precios se dispararon tanto que no había tiempo de emitir papel moneda a tiempo de satisfacer las necesidades de la economía y se empezaron a añadir ceros al facial de los billetes, pues los precios subían tan rápido que la gente debía gastar sus sueldos lo más rápido posible. Tanto se depreció el valor del dinero que no era extraño ver gente con grandes sacos de billetes yendo a comprar el pan e, incluso, volviendo al sistema de intercambio puro y duro, el dinero había perdido todo su valor. La espiral inflacionista acabó en 1923 con la creación de una nueva moneda, el Reichmark, que sustituyó el anterior, y este episodio pasó a la Historia conocido como el de la hiperinflación; no fue el único, también se produjo en otros lugares, como no hace tanto tiempo en Argentina.

El dinero no deja de ser un bien como los demás, se trata del bien que empleamos para hacer intercambios y que todo el mundo reconoce como medio de pago válido. No obstante, como bien económico que es, también está sometido a la Ley de la Oferta y la Demanda, así pues, si hay un exceso de oferta de dinero, su precio bajará hasta llegar al nuevo equilibrio con su demanda. Al revés, si la demanda supera la oferta, su precio subirá hasta igualar la oferta y la demanda. Dicho en términos  que puedan ser fácilmente entendidos, si el valor del dinero entendido como un bien empleado para los intercambios económicos baja, querrá decir que tendremos que pagar más dinero para adquirir el mismo artículo, es decir, los precios subirán y habrá inflación. Al revés, si el valor del dinero entendido como un bien empleado en los intercambios económicos sube, querrá decir que con el mismo dinero podremos comprar más cosas, los precios bajarán y se producirá deflación. La oferta monetaria está constituida por la totalidad de dinero que hay en una economía, circule por medio que circule, por lo tanto, si se pone en circulación grandes cantidades de dinero, aumenta la oferta de dinero y, por lo tanto, baja su valor y se puede generar inflación.

¿Qué es lo que busca el Banco Central Europeo con el anuncio de Mario Draghi de comprar mensualmente deuda de los Estados por importes de hasta 60.000 millones de euros? Pues, precisamente, lo que se comentaba en el párrafo precedente, poniendo en circulación sesenta mil millones de euros mensuales, se inundará de euros a los mercados y se incentivará el consumo, alejando el riesgo de bajadas generalizadas de precios o deflación. Crear un poco de inflación no es malo, pues las subidas sostenidas de precios incentivan el consumo y la inversión, los beneficios gustan a todo el mundo.

Por lo tanto, si con esto conseguimos que, poco a poco, vayamos superando la situación de estancamiento económico actual, pues ¡bienvenido, míster Draghi! Ahora bien, habrá que ir con cuidado, no sea que la inflación se dispare. Como si para una cosa sirve la Historia es para aprender de los errores del pasado y así prevenir los futuros, estoy totalmente seguro que la decisión del BCE habrá sido totalmente sopesada, incluidos los riesgos de descontrol de la inflación. El ejemplo alemán de los años veinte es muy aclarador de lo que pasa si se hacen las cosas sin ton ni son; no se puede poner en funcionamiento “la máquina del euro” sin saber bien lo que pasa si no se hace a conciencia, la lástima es que, en economía, tengan que suceder fenómenos como este de los años veinte o, más recientemente, en Argentina, para concienciar los poderes económicos de hacer las cosas de un modo u otro. Esperemos que funcione.