¿Una crisis que ya es historia, o una crisis histórica?

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Si algo es casi imposible de conseguir, al menos con los medios de los que disponemos, es predecir fielmente la evolución futura de las relaciones humanas, entre ellas, la Economía. La Economía es una ciencia que puede estudiar hechos pasados y definir las políticas a llevar a cabo para evitar los mismos hechos en un futuro, pero el futuro siempre es incierto, los hechos futuros siempre estarán controlados por variables diferentes que las que rigieron los hechos del pasado.

En pocas palabras, aunque dos hechos puedan ser semejantes o parecidos, puede ser que el comportamiento económico derivado de cada hecho en concreto sea muy diferente, esto será así porque el entorno de cada uno de ellos no tiene porqué ser el mismo y, además, hay multitud de variables que pueden influir que, seguramente, ni por asomo acertaremos a prever. Por ello, podemos intentar evitar que se repitan hechos parecidos, pero nunca podremos tener la seguridad de conseguirlo.

Recuerdo que una de las mayores críticas que recibió el Gobierno anterior fue precisamente no llamar las cosas por su nombre. En los inicios de esta crisis económica, era fácil oír hablar de conceptos como “desaceleración económica” o “brotes verdes“, con estos eufemismos se evitaba pronunciar la palabra “crisis” y, por otro lado, se intentaba mantener la moral y las expectativas sobre situación real de la Economía española en gran parte de la población. Las expectativas son un componente muy importante en Economía, si éstas son buenas, la Economía podrá marchar mejor, si la sociedad se inunda de pesimismo, las cosas sólo podrán ir a peor.

Si bien es cierto que es muy difícil, por no decir imposible, predecir con absoluta certeza la evolución futura de los acontecimientos, desgraciadamente y como todos sabemos de sobra, en esos momentos iniciales de la crisis actual ni estábamos viviendo ninguna “desaceleración” ni existieron nunca tales brotes verdes, sino que lo que estábamos viviendo eran los principios de una crisis económica de un abasto hasta entonces difícil de imaginar.

El Gobierno actual del PP está trabajando muy en serio este asunto de las expectativas, aunque en mi opinión una cosa es mantener la moral de la población y otra muy diferente, plantear escenarios poco realistas mediante afirmaciones categóricas y contundentes. En este sentido, oír hablar recientemente y en público al actual Presidente del Gobierno de que “la crisis económica ya es historia” me da que pensar, porque esta afirmación, hecha con la mejor de las intenciones en lo que a las expectativas económicas se refiere, en estos momentos puede ser contraproducente; una parte de la población simplemente no se la creerá, la otra la criticará y otra puede que incluso actúe de manera contraria a la esperada, es decir, con pesimismo.

Y es que una cosa es mantener las expectativas económicas altas, y otra muy diferente, abusar de ello. La afirmación de ayer, en mi opinión, es desafortunada, y sólo hace falta enumerar algunos hechos actuales:

  • El índice de paro está mejorando, cierto, pero aún está muy por encima del 20%.
  • Los principales clientes de nuestras exportaciones, estos son, Francia y Alemania muestran síntomas de debilidad y hasta puede que vuelvan a entrar en recesión.
  • Los tipos de interés de la Zona Euro están en un nivel de casi cero, algo que históricamente sólo sucedió una vez en Japón. A esta situación, en la facultad le llamábamos “la trampa de la liquidez” y es peligrosa porque desincentiva la inversión y puede causar deflación (bajada de precios), cosas que, efectivamente, están sucediendo.
  • Los precios llevan varios meses bajando, es decir, que hay indicios de deflación, a ello hay que sumar la gran bajada de precio de los carburantes, debido al desacuerdo entre los principales productores de la OPEP, pues parece que Arabia Saudita intenta que Irán o Venezuela pierdan parte del gran poder que tienen por su gran producción de crudo.
  • En este país se están viviendo tensiones territoriales históricas, pocas veces vividas en los países desarrollados, afrontadas de manera muy discutible y mediante el abuso de la vía judicial y la desinformación de gran parte de la población, y ya se sabe aquello de “quien siembra vientos, recoge tempestades“.
  • Por último, aunque podría poner muchos más, el descrédito de la clase política por los escándalos que se suceden y el cansancio de la población, esto hace que propuestas políticas novedosas tengan probabilidades reales de un rápido éxito nunca antes visto, probabilidades que se acrecientan día a día por la desinformación mediática, el posicionamiento descarado de algunos medios de comunicación y por el gran “contrapoder” que las redes sociales representan hoy en día.

En conclusión, señor presidente, en mi opinión creo que se equivocó en el calificativo usado; esta crisis no es aún historia, sino que esta crisis es histórica.

(En esta ocasión, recomiendo la lectura de estos dos posts anteriores, de los que os paso el link: El primero sobre las expectativas, el segundo sobre la “trampa de la liquidez“)

Jordi Mulé

Economista colegiado C.E.C. núm 13147