Dos opiniones económicas sobre la cuestión catalana.

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Nada mejor que poder contrastar diferentes opiniones ante un mismo hecho ya que, como es sabido, “en este mundo nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con el que se mira”. En este caso, los economistas José Cristian Callejón (@josecallejon91) y Jordi Mulé (@jordimule) analizarán  a dúo desde una perspectiva económica la actualidad más candente, el debate político en Cataluña.

Este debate, como es sabido, es relevante a nivel no sólo nacional, sino también europeo y, por ello,  merece un análisis desapasionado pero riguroso, en el que cualquier aportación y punto de vista constructivos sean siempre bienvenidos. Es preciso aclarar que las respuestas a las preguntas planteadas sólo constituyen un ejercicio de cuáles podrían ser algunos de los diferentes escenarios que se podrían dar en el caso de una hipotética secesión de la actual Cataluña, sobretodo en lo referente a algunas consecuencias económicas de tal relevante hecho.

Antes de comenzar, Jordi Mulé ha querido hacer una aclaración:

“Mis respuestas a las preguntas planteadas constituyen un ejercicio sano de abstracción que sólo persigue aclarar ciertos conceptos desde el punto de vista de una persona de a pie y desde el enfoque de una persona residente en Cataluña, en ningún caso presupone una u otra ideología política, pues el objetivo de este artículo no es político, sino económico”

 Jordi continúa recalcando que:

“También quisiera recordar que alguien definió la Economía como aquella ciencia que es capaz de analizar los acontecimientos del pasado pero es incapaz de prever los del futuro. Esto es así porque la realidad está plagada de variables que nuestras teorías son incapaces de estudiar con profundidad, por lo que, seguramente, ante esta hipotética situación, los hechos evolucionarían de forma dispar y tomando caminos que hoy no se nos pueden todavía ni tan sólo ocurrir.”

Los autores:

  • José Cristian Callejón (Almería 1991); Graduado en Finanzas y Contabilidad por la Universidad de Almería. Actualmente cursa el máster oficial de investigación de Dirección de Empresa. Asimismo está presente en política universitaria desde que accedió a la universidad, además, forma parte de la ejecutiva de diversas asociaciones. Es profesor particular y analista económico en Tele Almería Noticias. Autor del libro, “El resultado de un proceso burbujístico”. 
  •  Jordi Mulé (Reus, 1969); Economista colegiado en el Col·legi d’Economistes de Catalunya, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y licenciado en Investigaciones y Técnicas de Mercado por la UOC y Diplomado en Ciencias Empresariales por la URV. Profesional del sector bancario desde 1989, escribe artículos de opinión en medios de su zona y es el creador del blog de WordPress “Economía en bambas”, consultable en la dirección www.jordimule.wordpress.com.

 

Tras esta escueta introducción, veamos que responde cada entrevistado ante las preguntas planteadas:

 

¿Qué vínculo mantendría Cataluña con la Unión Europea después la hipotética secesión?

@josecallejon91: Esta sería, sin lugar a dudas, la primera consecuencia económica de la ruptura catalana, ya que, y aunque es muy difícil hacer futuribles sobre la posible relación entre ambos estados, hay una cosa clara: Cataluña “quedaría ipso facto fuera de la Unión Europea” según la propia Unión Europea.

Tras la independencia, si el estado catalán persigue reincorporarse a la UE, se vería sometido a un prolijo periodo según indica el artículo 49 del TUE, el cual finaliza con el beneplácito de los veintiocho estados que actualmente conforman la UE, si no existe consenso, es decir, si no se aprueba la readmisión del nuevo estado por unanimidad, dicho estado no podrá formar parte de la unión, quedando ajeno  a la misma.

Este será el resultado inmediato y objetivo de una decisión política de tal magnitud.

 

@jordimule: Ante este hecho existe controversia, por un lado hay quienes afirman que la vocación europea de Cataluña no permitiría una posible salida de la UE, por otro lado está la opinión que defiende que, puesto que una hipotética Cataluña independiente constituiría de hecho un nuevo estado, éste debería negociar de nuevo su entrada en esta organización. Debo decir que esta segunda opción puede parecer contundente de cara a la opinión pública de fuera de Cataluña pero que no está exenta de debilidades, por los motivos que expondré a continuación.

Intentando huir de connotaciones políticas, en mi opinión este hecho no debería analizarse a la ligera. Es posible que, al principio, el territorio pudiera verse fuera de la UE, pero ello no implicaría necesariamente la pérdida de la ciudadanía europea de sus siete millones de habitantes. Es decir, de repente aparecería un territorio ajeno a la UE en el corazón mismo de la UE, en una zona vital para el comercio del corredor del Mediterráneo y poblado por siete millones de ciudadanos de la UE a los que no se puede privar de la ciudadanía europea. En resumen, teniendo en cuenta que a nadie le interesará a priori una situación como la descrita, para evitar males mayores, y por interés de todos, seguramente se llegaría a un consenso, quizá no como estado de la UE de manera inmediata, pero si con algún estatus especial, del estilo de otros países, como Andorra. Otro punto a aclarar es que hay muchos países europeos que no pertenecen a la UE y que funcionan bastante bien, aprovechando una situación de neutralidad histórica que siempre les ha beneficiado y mucho, por lo que lo de pertenecer a la UE es muy importante pero debe ser puesto en su exacto término.

 

¿Cómo afectaría la secesión al comercio? ¿ y al turismo?

@josecallejon91: Referente a la primera cuestión, el comercio, es importante ponerse en perspectiva, ya que aproximadamente el 65% de las exportaciones catalanas van dirigidas a la Unión Europea, con lo cual, la salida de la misma, implicaría una reducción notable de la cuota de mercado, ya que la Tarifa Exterior Común (TEC) gravaría a todos los productos, perdiendo estos, como es lógico, competitividad en el mercado internacional. Según el profesor Mikel Buesa,  los productos subirían aproximadamente un 5.7% con respecto a los precios actuales. Este encarecimiento, según la OCDE, del precio de los productos catalanes podría llegar al 20% si consideramos los costes de transacción y derivados (efecto frontera). Esto se traduce en una bajada del 3.8% del PIB Catalán. Por otro lado, nos encontramos con los acuerdos preferenciales que actualmente existen entra la Unión Europea y terceros, de los cuales  el nuevo estado no se podría beneficiar al no formar parte de la Unión Europea. Hay estudios que indican que el impacto podría suponer unas pérdidas de hasta el 20% del Producto  Interior Bruto.

Existen precedentes, como es el caso de la República Checa y Eslovaca o Eslovenia y Croacia, donde los flujos de comercio, entre los dos países protagonistas, se redujeron entre uno y dos tercios en los primeros años.

Por otro lado, nos encontramos con el turismo, el cual representa una parte importante de la economía catalana. De media, la región es visitada anualmente por unos 4 millones de turistas procedentes del resto de España y unos 15 millones de la Unión Europea. Existe el turismo procedente de negocios, el cual bajaría de forma proporcional al descenso de la actividad económica, que se ralentizará sin lugar a dudas. Por otro lado está el turismo de ocio, que también disminuirá al engrosarse la burocracia, emplear otra moneda diferente, etc.

 

@jordimule: Otra buena pregunta, pues depende. Si la secesión fuera con todas las trabas posibles, posiblemente existirían fuertes aranceles al comercio catalán, que es claramente exportador, con lo que el PIB se resentiría. Ahora bien, un simple análisis desapasionado de esta cuestión nos debería dar cuenta de que esta situación, por sentido común, no sería demasiado duradera por dos motivos:

  •  El primero es que es fácil suponer que tanto habría aranceles para los productos catalanes como para los productos europeos que quisieran entrar o pasar por Cataluña, incluidos los del resto de España, por aquello de la reciprocidad.
  •  El segundo recae en la posición geográfica del territorio catalán y la falta de infraestructuras que, de momento, substituyan a las que pasan por Cataluña; en pocas palabras, no hay alternativa plausible para el comercio por carretera o tren que no pase por territorio catalán. No es difícil pensar que las trabas al comercio catalán llevaran a trabas al comercio en el corredor mediterráneo hasta que se construyeran nuevas infraestructuras que evitaran el territorio catalán, que prácticamente no existen en este momento y que éstas, además, fueran continuadas por los vecinos franceses, pues no vale aquello de quedarse en la frontera y basta. Tengamos en cuenta el coste que ello supondría para España y para Francia y no olvidemos que Francia está entrando en recesión; es decir, que las consecuencias negativas las viviría toda Europa.

Por ello, igual que en el anterior punto, personalmente prefiero imaginar un acuerdo político que permitiera el libre comercio, como hasta ahora.

Respecto el turismo, ciertamente éste siempre se ve resentido por las crisis políticas, a la bajada del turismo durante este año por lo de Ucrania me remito; ahora bien, seguro que éste se recuperaría cuando se aclarara el asunto político, máxime teniendo en cuenta el potencial de la marca Barcelona, la calidad de los servicios turísticos de Cataluña y el carácter emprendedor de los catalanes; en este sentido, el turismo se podría recuperar más rápido de lo que a priori sería previsible.

 

¿Afectaría la secesión catalana a su tejido productivo y empresarial? ¿Se vería envuelto en una espiral de deslocalización?

@josecallejon91: Independientemente de la forma en que se plantee la independencia y el modo de proceder por parte tanto del gobierno central como regional, la deslocalización sería inevitable. La incertidumbre estaría presente en todo momento, siendo está un riesgo muy difícilmente medible por las empresas y, por tanto, muchas de las cuales optarán por trasladarse  a un espacio más consolidado, donde la seguridad institucional y jurídica no esté sometida a fluctuaciones políticas.

El tejido productivo incurrirá en un proceso de descomposición interna, siendo las principales afectadas y, por tanto, las que desaparecerán del escenario catalán con mayor probabilidad, las filiales de firmas multinacionales, que verán un “estrechamiento del mercado” inmediato. El sector químico y el de automóvil serán los más perjudicados.

 

@jordimule: Esta cuestión también dependería del escenario en el que se produjera la hipotética secesión. Evidentemente, si el nuevo estado fuera inestable jurídica o políticamente, la deslocalización podría ser un hecho, no olvidemos que la inversión de todo tipo, y la empresarial en particular, tiene en general bastante miedo de las incertidumbres. Aún así, de momento, con toda la tormenta política existente, no parece que ninguna empresa por ahora haya optado por hacer sus maletas; quizá den por descontado que no habrá conflicto alguno o quizá no les preocupe tanto como puede parecer. Por otro lado, un estado independiente y soberano también podría legislar al respecto y ofrecer interesantes estímulos para evitar situaciones de deslocalización. Personalmente, prefiero imaginar un escenario un poco más amable, teniendo en cuenta las reflexiones anteriores sobre la situación geográfica del territorio catalán y sus magníficas vías de comunicación por tierra o mar.

 

¿Y a los mercados? Es decir, ¿se cuestionaría la viabilidad de la moneda común?

@josecallejon91: Este sería uno de los muchos efectos secundarios que dicha decisión produciría en el conjunto de la sociedad europea. Los mercados son los primeros entes que descuentan este tipo de planteamientos y, por supuesto, cambios tan radicales en la estructura de la Unión Europea supondrían una bajada considerable de la capitalización bursátil de las principales empresas, especialmente de aquellas que se hallen insertadas en el centro neurálgico.

La moneda común, el euro, necesita, al igual que las empresas, de estabilidad, ya que, al ser una moneda relativamente joven, aún no se halla plenamente consolidada y, esto, unido a otras cuestiones, puede derivar en la desaparición de la misma.

No obstante, creo que este escenario sería muy poco probable. Las bolsas bajarían, sí, pero solo durante un breve periodo de tiempo, ya que cuando los inversores estimen que el valor de mercado está por debajo del valor teórico, volverá a fluir el dinero hacia el mercado bursátil. Referente al euro, supondrá un escollo, pero no se traduciría en la desaparición del mismo.

 

@jordimule: Éste es otro punto que refuerza las tesis anteriores; vamos a ver, si sólo algún rumor de propagación de una enfermedad en África afecta sobremanera a los mercados, ¿qué se podría decir respecto al euro si, de repente, un territorio que tiene el euro como moneda es expulsado de la UE y se le obligara a abandonar esta moneda? ¿Dónde quedaría el prestigio de Europa como territorio de tolerancia y democracia? No lo quiero responder, pues me da pavor. Aparte, ¿a alguien se le puede antojar como posible que Cataluña debiera dejar el euro, máxime habiendo Estados que lo tienen como moneda y no pertenecen a la UE?

Una salida de Cataluña de Europa o del euro podría ser una debacle para Cataluña, totalmente de acuerdo, pero no olvidemos que también podría serlo para el resto de España y para Europa, cuyo prestigio financiero igual tardaría mucho en volver a ser el que fue. Por ello, vuelvo a insistir en que, dejando aparte temas sentimentales, en el caso hipotético que estamos estudiando, seguramente se llegara a un consenso que evitara la crisis económica europea que sucedería a un hecho político tan relevante.

 

Referente a la deuda, ¿sería ésta impagable por el nuevo estado?

@josecallejon91: Este sería un problema abrumador que normalmente se omite o no se le da la importancia que verdaderamente tiene. Ciertamente la deuda sería impagable. Por un lado destacar que Cataluña es la comunidad autónoma más endeudada del territorio español, atesorando una deuda de más del 30% de su PIB. En paralelo tendría la parte que le corresponde del gobierno central, llegando así la ratio de endeudamiento al 80%. Además de ello, le resultaría imposible adherirse a los mecanismos de financiación impulsados tanto por la Unión Europea como por el Gobierno Central (BCE, MEDE, FLA y PPP).

Asimismo, y teniendo en cuenta que la recaudación impositiva se desplomaría, el gobierno catalán se vería obligado a incrementar el pasivo, generando por tanto más deuda y mayor gasto en intereses.

 

@jordimule: En caso de secesión, los dos nuevos estados resultantes (porque el resto de España devendría, de hecho, un nuevo Estado), se deben repartir la deuda pre-existente en proporción. Ahora bien, dependiendo del criterio de repartición, cada estado debería asumir una parte mayor o menor de tal deuda; si fuera por territorio, sería un criterio; por población, otro o por peso económico, otro. Posiblemente, en cualquier caso, la deuda que quedara en parte catalana fuera difícil de digerir pero para eso están los tratados internacionales, la renegociación de la deuda, etc.

Otro argumento hace referencia a la famosa balanza fiscal, la diferencia entre lo impuestos que Cataluña recauda y los ingresos que recibe del Estado. Si suponemos que Cataluña se independizara, también podemos suponer que los ingresos del nuevo Estado derivados de los impuestos también se incrementarían, porque se dejarían de aportar fondos al actual Gobierno Central; por ello, a priori, la devolución de la Deuda también sería más fácil. De todos modos, quedaría por ver cómo quedarían estos ingresos públicos si realmente sucediera una bajada significativa del PIB y, por ende, de la recaudación impositiva.

Es decir, vuelvo a insistir en que todo dependería de cómo se llevara a cabo esta hipotética secesión; si ésta fuera inevitable y se realizara con algún acuerdo o que se realizara sin él. Deberíamos ver los términos de esta hipotética secesión para poder dar una opinión correcta. No olvidemos que la vocación comercial catalana recae en las exportaciones; si se puede exportar sin trabas, se generarán suficientes ingresos públicos para afrontar cualquier situación, si se viviera una situación de embargo permanente, pues no.


¿Cómo sería el futuro de ambas naciones?

@josecallejon91: En términos económicos, ambas se devaluarían. En ese sentido, la viabilidad catalana quedaría supeditada a los vínculos que mantenga tanto con España como con el resto de Europa. Por ejemplo, es poco probable que Cataluña pueda seguir utilizando la moneda común, ya que el Banco Central Europeo debe emitir un informe avalando esta posibilidad y, debido al tamaño del nuevo país, el BCE podría mostrarse reticente. En definitiva, con la secesión todos perdemos, pero sin lugar a dudas, Cataluña sería la principal perjudicada.

Es preciso, por tanto, que los delegados del pueblo se sienten y traten de buscar puntos de convergencia, solo así se podrá parar esta descabezada senda en la que ningún colectivo sale ganando. Además, teniendo en cuenta que Cataluña ocupa un lugar geográfico estratégico, la independencia no impedirá que existan vínculos, por minúsculos que sean, es decir, que la relación es y será inevitable, suceda lo que suceda.

 

@jordimule: Sinceramente, personalmente preferiría un futuro en el que todos pudiéramos vivir en el mismo país, como hasta ahora, pero me gustaría un formato más pluricultural, algo así como Canadá, no con el desconocimiento que creo sinceramente que todavía actualmente existe sobre nuestra realidad social y lingüística. También debo añadir que, como a tantos y tantos catalanes, me sorprende la actitud de algunos en esta cuestión, a veces bastante irresponsable y desinformada. Se trata de un tema político que debiera haberse abordado mucho antes, sin frivolidades, sin achacarlo a los deseos de unas pocas personas y evitando echar tanta y tanta leña al fuego desde aquellos medios de comunicación que parecen más pendientes de sus audiencias y desde algunos partidos que parecen más pendientes de conseguir votos con rapidez que del daño infligido a nuestra sociedad a medio plazo.

Dejando aparte estas connotaciones, en caso de secesión no podríamos vivir enfrentados por toda la eternidad, nuestra historia común así lo reclamaría; quién sabe si al final acabáramos formando algo parecido a la Commonwealth británica, en un territorio de libre circulación de personas y trabajadores pero donde cada uno tuviera su propia organización política.

 

Artículo publicado en “Telealmería Noticias” el día 5-11-2014 y consultable en este link.