El cambio o la crisis que nos viene.

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En el siglo XIX, en plena Revolución Industrial, surgió en el Reino Unido un invento entre los muchos que dio aquel período tan fructífero; se trata de la máquina de coser. Gracias a este nuevo invento, de repente se podía coser a una velocidad mucho más rápida que lo que hasta entonces pudiera la costurera más experta. Pronto apareció la primera fábrica de confección que daba empleo a muchas costureras, todas con su máquina de coser. El éxito de la fábrica fue tan importante que, una noche, cientos de costureras “tradicionales” incendiaron la fábrica con la esperanza de eliminar aquel competidor tan salvaje; evidentemente, no lo consiguieron.

Fue durante esa época en que empezaron a surgir maquinarias movidas por el vapor generado por la ebullición de agua calentada por la combustión de carbón; el descubrimiento de las propiedades del vapor y sus aplicaciones fue tan importante que, gracias a él, se superó la situación de Edad Media o Neolítico permanente que se vivía en la época para entrar de lleno en la Era Industrial. Años después, poco a poco, el carbón fue siendo desplazado por el petróleo y sus derivados y así ha sido hasta nuestros días.

El problema de nuestros sistemas productivos, el carbón del siglo XIX y el petróleo del XX es que se trata de combustibles fósiles. El carbón proviene de restos vegetales de la Era Primaria, más concretamente del Carbonífero, y el petróleo de restos de plancton animal más o menos de la misma época. Que se tratara de combustibles tan abundantes en los momentos en que empezamos a quemarlos sólo es debido a que, en las épocas que se formaron estos combustibles fósiles, no habían evolucionado todavía organismos carroñeros tan eficientes como los actuales, y por ello los residuos orgánicos tendían a acumularse. Con ello quiero decir un pequeño detalle que parece que se nos pase de largo a menudo, que los combustibles fósiles no tienen repuesto.

Mientras tanto, continuamos quemando alegremente combustibles fósiles y cada vez los debemos ir a buscar a más profundidad o en territorios más hostiles. Antiguamente, existían pantanos de alquitrán a ras de suelo, actualmente se está hablando de aprovechar el deshielo del Ártico para buscar petróleo allá, se hacen prospecciones petrolíferas en el lecho oceánico o se habla de buscar petróleo en la Antártida. Hay muchas potencias interesadas en ello, no olvidemos que quien tenga la llave de la energía gobernará “de facto” el mundo.

Pero no nos olvidemos que, sea como fuere, la cantidad de combustibles fósiles es limitada y cualquier día pueden empezar a escasear, se encarecerá la materia prima como nunca antes y nuestro modelo productivo puede llegar a colapsar. ¿Nadie piensa en que la crisis actual no sería nada comparada con esta posible crisis energética? Al igual que la fábrica de máquinas de coser del XIX fue destruida por aquellos que veían en el cambio una amenaza, actualmente así parece que esté yendo con el tema de las energías alternativas, pero, no obstante, hacia allí es deseable que hayamos ido antes de que el petróleo o el carbón se agoten.

Aún así, no se observa que haya una voluntad palpable de cambiar el sistema productivo a largo plazo más allá de las noticias de ciertos modelos de coche eléctrico o híbrido, loables ejemplos pero irrisorios comparado con la necesidad energética global. Si queremos evitar una Crisis en mayúsculas y un cambio de era traumático y así dejar un mundo que funcione a nuestros descendientes, debemos empezar a trabajar en este sentido sin prisa pero sin pausa, nuestros descendientes nos lo agradecerán.