Propaganda y exageración

abu simbel

En Egipto existe el llamado templo de Abu Simbel. La construcción de este templo fue ordenada por el gran faraón Ramsés II para conmemorar su victoria sobre los hititas en la batalla de Kadesh allá por el 1500 antes de Cristo. Todo el templo es una auténtica alegoría del valor y la bravura del faraón, hay estatuas suyas por doquier, relieves en los que se le puede ver en la batalla solo ante una multitud de enemigos, otros en los que agarra a unos veinte de ellos a la vez por los pelos mientras les castiga, una estatua suya sentado entre los dioses Osiris y Horus y multitud de otros ejemplos. Todo el templo, una maravilla arquitectónica, es un auténtico homenaje al faraón y a esta gran victoria militar…salvo por el hecho de que la batalla de Kadesh no fue una victoria de los egipcios sino una derrota, o como mucho unas tablas.

Éste es uno de los primeros ejemplos conocidos de propaganda y culto a la personalidad. De hecho, este fenómeno se repite constantemente en la Historia; haciendo gala de aquella gran frase que dice “la historia la escriben los vencedores” y teniendo en cuenta que aquello que no se escribe simplemente no ha existido sería harto difícil conocer la verdad real ya que para leer la historia debemos usar las fuentes escritas que nos han llegado, y éstas están llenas de exageraciones y tergiversaciones. Otro ejemplo lo podemos ver en París, en el Arco de Triunfo; en él se conmemoran las grandes victorias de Napoleón como si de grandes gestas se trataran, allí están los nombres de varias ciudades de nuestro país, como Girona, tomada después de varios y durísimos asedios, o Tarragona y Tortosa; es decir, allí se presentan las campañas de Napoleón como grandes gestas, aunque creo que los habitantes de Girona de la época pensarían otra cosa muy diferente.

Y es que, desde siempre la Historia se ha escrito a medida del que manda. A veces se crean leyendas negras sobre ciertos personajes, de esta manera se consigue afianzar el poder del que manda a base de acrecentar el temor al enemigo; un ejemplo, el rey de los hunos Atila, de él se decía aquello de “por donde pasa su caballo no vuelve a crecer la hierba“, y conocemos su existencia gracias a las fuentes romanas, sus enemigos, pues los hunos no tenían cultura escrita. Este personaje conquistó un territorio similar en tamaño al conquistado por Alejandro Magno, sólo que su obra pereció con él y no así la del gran rey de los macedonios, cuya obra fue ampliamente divulgada por sus sucesores y, con ella, la cultura helenística. Otro ejemplo, las cruzadas, vistas en occidente como los grandes héroes que defendían la cristiandad y en el mundo islámico como brutales saqueadores; la verdad es que fueron un fracaso e incluso hubo una que se dedicó a saquear Constantinopla, una ciudad cristiana. Pero ya sabemos cuál es la versión dominante gracias sobre todo al cine.

De hecho, cuando se inventó la escritura se inventó la propaganda y así ha sido hasta nuestros días. No creamos que somos inmunes a este fenómeno debido a la gran información que tenemos actualmente a nuestra disposición, todo lo contrario, precisamente es ahora cuando somos más vulnerables, debido a la gran velocidad a la que la información circula. Pasa actualmente en nuestro país donde ciertos políticos son demonizados a ojos de gran parte de la opinión pública, sólo por defender opiniones o ideas que no interesan o donde ciertas noticias son explicadas según interesa al medio de turno y tantos y tantos ejemplos.

Por tanto, ante este panorama poco podemos hacer sino actuar con criterio; una buena manera sería dudar siempre de las noticias, sobre todo las políticas, ser escéptico e intentar entender las razones de esa o aquella opinión, informarnos tanto como podamos sobre el contexto o situación y buscar el enfoque desde todos los puntos de vista. De esta manera conseguiremos aplicar nuestro propio criterio de manera racional y sin influencias.