El precio de las cosas.

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Recuerdo cuando era pequeño oir a mi difunto padre comentar a menudo sobre el precio de las cosas; él, que no había tenido la suerte que tuvimos los de mi generación de poder disfrutar de una enseñanza superior y de calidad, tenía una gran sabiduría, de aquella que sólo se aprende en base de la experiencia y que llega a menudo a las mismas o mejores conclusiones que los grandes expertos en materias diversas. Me decía a veces, “hijo mío, en este mundo nada vale nada sino lo que alguien esté dispuesto a pagar”, ¿qué quería decir con esto? pues que el valor que le damos a las cosas es relativo y que el precio siempre se fija cuando coincide el precio que el vendedor quiere cobrar con el que el comprador quiere pagar, al menos, así es en teoría.

La noticia aparecida hace pocos días referida a la compra de la aplicación de mensajería móvil Whatsapp por parte de Facebook es una prueba evidente; dejando aparte los detalles de la operación, que se pueden consultar en otros medios, lo que más ha resaltado es el precio de la compraventa, nada más y nada menos que de diecinueve mil millones de dólares, o en euros unos dieciséis mil millones. Si queremos traspasar este importe a las antiguas pesetas serían una cosa así como tres billones de pesetas; importes así dejan a cualquier persona boquiabierta.

Todavía sorprenden más si comparamos el importe de esta operación con otras operaciones económicas que han causado revuelo; el rescate de Bankia, 23.400 millones de euros; rescate de Catalunya Caixa, 14.000 millones. Hay que tener en cuenta que los rescates bancarios (y no quiero entrar en polémicas) han sido sobre entidades de una dimensión importante, con un gran número de clientes con depósitos, unos activos considerables y varios miles de trabajadores. Vamos a analizar qué es Whatsapp, además de ser un programa que nos es muy útil a casi todos; se trata de una empresa que tiene su principal activo en un programa informático, o sea, activo inmaterial y sujeto a una obsolescencia rápida y grande. Respecto a la plantilla, ocupa a unas cincuenta personas. Su gran activo es el inmenso número de usuarios que seguro pronto estarán dispuestos a pagar más de los 0,89 euros que vale la renovación anual del servicio.

Es decir, que por un programa informático que usa mucha gente alguien está dispuesto a pagar diecinueve mil millones de dólares; en cambio, por la ayuda en el tercer mundo, la inversión en energías renovables y los gastos sociales en muchos países no se llega ni por asomo; lo mismo se podría decir de muchos fichajes de jugadores de fútbol y otras muchas cosas. Realmente, estamos en un mundo de locos.